Escribo esto desde Marruecos. Y no, no estoy de vacaciones.
Llevo meses viajando aquí, trabajando en proyectos de acceso a este mercado tan pujante y tan desconocido a la vez.
Me gustaría contarte lo que voy aprendiendo y lo que me está haciendo pensar esta experiencia. Porque se habla poco de la acción sobre el terreno, de dar el primer paso, de atreverse. Y eso es, exactamente, skin in the game. Jugarse la piel. Exponerse. Tener algo que perder, pero también la oportunidad de ganar.
Hay una duda que me persigue últimamente: si la inteligencia artificial va a monopolizar el saber y procesar la información mejor que cualquiera, ¿cuál será el valor del trabajo humano?
Desde mi punto de vista, la clave no reside en acumular conocimiento, sino en el valor de la acción. La IA puede analizar el pasado y simular miles de futuros, pero carece de un cuerpo con el que asumir consecuencias. No puede cruzar una frontera real ni jugarse la vida por lo incierto.
Me recordaba hace poco Lula Bueno el caso de Marco Polo: su verdadero mérito no fue inventar Oriente, sino atreverse a pisarlo. Pasó más de dos décadas arriesgando el pellejo en lo desconocido y, al regresar, lo tildaron de fabulador. La auténtica innovación siempre parece una locura a ojos del sedentario.
En un mundo donde la información será omnipresente y barata, la remuneración no vendrá por lo que sabes, sino por tu audacia. El mercado dejará de premiar al sabio para premiar al explorador: al que pone el cuerpo, asume el riesgo y regresa para contarlo.
Muy pronto nadie pagará por saber. Pagará por atreverse. Por ir. Por estar donde nadie ha estado todavía.
El mercado no va a pagar el conocimiento, lo siento mucho. Pagará la acción sobre el terreno.
En Marruecos lo veo cada día. El acceso al mercado no es una cuestión de estrategia teórica. Es una cuestión de presencia, de arriesgarse y de estar expuesto.
Cuando llegas a otro país tienes dos opciones: llegar a enseñar o llegar a aprender. La primera cierra puertas. La segunda las abre todas. La actitud que funciona es abierta, humilde, respetuosa y paciente. Cuando llegas a otro continente, eres tú el que se adapta. No al revés. No existe una manera correcta de hacer las cosas en abstracto. Existe la manera local. Y aprender a respetarla es el primer paso de cualquier relación posible.
En Marruecos observo cada detalle y escucho con atención antes de abrir la boca. Allí el ritmo de las conversaciones y el valor de los tiempos son muy distintos a lo que estamos acostumbrados. Una reunión no empieza con una agenda rígida. Empieza con el té, con la pregunta por la familia, con un tiempo de conversación que en Europa llamaríamos informal pero que aquí es la base donde se construye todo. Solo observando puedes entender cómo funciona realmente este país.
Hay un momento en que sabes que hay una alianza posible. Ese click no siempre es fácil de describir, pero se siente. En mi experiencia ocurre por cuatro vías: un valor compartido, una experiencia o contacto común que tiende un puente, un gesto inesperado que demuestra interés auténtico más allá del negocio, o una visión compartida sobre algo más grande que la transacción inmediata.
Una alianza no es un contrato. Es un compromiso que debe beneficiar a ambas partes de manera concreta y visible. Y la otra parte no es solo la persona física o jurídica, es su país. Las alianzas sólidas incorporan además una dimensión que va más allá de los dos que se sientan a la mesa: un impacto en la comunidad, en lo público, un propósito compartido que las hace resistentes al tiempo y a los cambios.
Las alianzas no se construyen desde la barrera. Se cultivan con tiempo, con coherencia y con los pies en el suelo.
En el mundo real, en el de ahora y en el que vendrá, si no tienes skin in the game, no hay compromiso posible.
El futuro no será ya de quien más sabe, sino de quien más se atreva.
Te espero en el búnker.



Fascinante El desierto que adoro mucho, [ y echo de menos]• coincido tanto,,, cuando la información pierde valor ,, el dinero también lo perderá . Eso en unos años lo sufriremos también a escala global. La presencia humana tendrá que cubrirlo todo,, para que siga teniendo sentido ,, sobre todo en nosotros los adultos, no nos queda más que atreverse a explorar y reinventarse. Un abrazo grande 🙏🏼🙏🏼🤍
Aquí, como te dije antes, debo coincidir contigo por las consecuencias que todo esto representa. Mi comentario iba dirigido únicamente al lenguaje que utilizamos para describir la IA, porque creo que las palabras importan cuando intentamos comprender qué está ocurriendo. En lo esencial, comparto tu preocupación: el riesgo de delegar cada vez más capacidades y criterio en estas herramientas.